Descubre la gran variedad de aguas de piscinas

Portada Aguas de Piscinas

16 de enero 2024

A muchas personas el olor a cloro nos recuerda a los veranos de nuestra infancia, a esas tardes de horas infinitas en el agua o al sol. Toda esa rutina ha perdurado generación tras generación, pero los ratos en la piscina ya no tienen por qué ir aparejados a la fragancia del cloro. Ahora hay otras opciones que pueden hacernos disfrutar con nuestros familiares y amigos aún más si cabe. Lo único que debes modificar en la ecuación es el tipo de agua de la piscina, lo cual repercutirá en la clase de mantenimiento que deberás aplicar en tu piscina. En cualquier caso, podrás utilizar un cobertor de seguridad para piscina, un cobertor de invierno para piscina o una manta térmica para piscina con independencia del agua que haya en tu piscina. 

Cuando hablamos sobre los tipos de aguas de piscinas nos referimos, en realidad, al producto principal que actúa como desinfectante en las mismas: cloro, sal o un mineral.

Agua Clorada

El cloro es el desinfectante más popular a la hora de sanear el agua de una piscina. Este elemento se encarga de acabar con diversos microorganismos (bacterias, virus…) que se encuentran en el agua a través de un proceso químico.

Este producto está disponible en tres formatos: líquido, en pastillas o granulado. En cualquier caso, es necesario renovarlo de forma constante para que su poder desinfectante no disminuya, por lo que el mantenimiento es activo.

En cuanto a la experiencia de baño, aunque esta sustancia es inocua puede provocar reacciones como la irritación de los ojos o la piel al entrar en contacto con el cuerpo.

La concentración de cloro en el agua puede sufrir variaciones por múltiples factores, lo cual hace que la cloración sea irregular.

Al ser un producto químico, su almacenamiento y manipulación deben llevarse a cabo con cuidado.

Agua Salada

Las piscinas saladas surgen como alternativa a las piscinas de cloro. Para ello, es necesario instalar un sistema de cloración salino, es decir, un dispositivo eléctrico que higieniza el agua a través de un proceso de electrólisis. Así, la inversión inicial para adquirir este tipo de piscinas es mayor que el que se necesita para implantar una piscina convencional, aunque a largo plazo te garantizará el ahorro de otros costes adicionales.

El mantenimiento de una piscina de agua con sal es más sencillo que el de una clorada. No obstante, la temperatura de la piscina debe ser superior a los 15ºC para asegurarte de que el resto del funcionamiento se realiza de la manera correcta.

Se trata de un proceso cíclico y más natural que el del cloro, por lo que no produce ningún tipo de irritación en el cuerpo de los bañistas ni la degradación del entorno de la piscina. En cambio, la sal puede causar la corrosión de algunos elementos de la piscina.

Agua Mineral

Esta opción ofrece numerosos beneficios para la salud, pero solo es aplicable en piscinas residenciales de pequeñas dimensiones.

Al igual que ocurre con las piscinas saladas, el agua mineral de una piscina posee una calidad mayor que aquellas en las que se emplean desinfectantes químicos, por lo que también se evitan sus efectos adversos.

El magnesio presente en el agua, por ejemplo, contribuye a cuidar la piel eliminando las impurezas del cuerpo. Respecto a su capacidad de desinfección, genera un cloro natural que destruye los microorganismos del agua por oxidación. Asimismo, esta sustancia es apta para filtrar materiales tan finos como el polvo, así como para impedir la formación de incrustaciones de calcio.

Tipos de aguas de piscinas

Aunque siempre se dice que cuando algo funciona es mejor no cambiarlo, nunca está de más explorar otras alternativas que, en algunas ocasiones, ofrecen un mayor número de beneficios a la vez que te ayudan a reducir trabajo y esfuerzo. Nosotros te ayudamos a conocer otras alternativas, pero solo tú debes valorar y decidir qué es lo mejor para ti.

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