Existen otras soluciones más discretas a la hora de incrementar la seguridad en piscina, las cuales se integran por completo en el entorno de la instalación y no suponen ningún estorbo para los propietarios, tal y como ocurre con las cubiertas de seguridad.
Estos cobertores fabricados en poliéster revestido de PVC por ambas caras se colocan sobre la piscina, quedando anclados en la piedra de coronación o la superficie que rodea el perímetro del vaso de agua. Esta técnica de instalación mediante anclajes, gomas tensoras y carracas tensoras ofrece una gran resistencia, por lo que permite a la cubierta estar expuesta ante cualquier tipo de fenómeno meteorológico. También consta de un sistema de drenaje, mediante agujeros o malla filtradora de PVC, que evita que el agua se acumule sobre la lona y provoque daños irreversibles.
El cobertor cuenta con barras de aluminio transversales que se distribuyen a lo largo de la lona de manera equidistante, lo cual proporciona tensión a la lona para que pueda llegar a soportar hasta 80 kg. Esta gran resistencia hace posible que la lona tenga la capacidad de aguantar el peso de un niño o una mascota pequeños, por lo que evita caídas accidentales en la piscina.
La lona se extiende y se recoge con una manivela que se engancha a una barra transversal, por lo que puede abrirla o cerrarla una sola persona.
Esta cubierta está preparada para su uso durante todo el año y es válida para piscinas enterradas. En aquellas instalaciones que tienen escaleras metálicas, será necesario un sistema de escalera abatible para poder colocar el cobertor.
En cuanto al mantenimiento de estos cobertores, en ningún caso la lona debe tocar el agua de la piscina para evitar el deterioro prematuro de la misma. Aunque es posible, no es recomendable que una persona adulta o una mascota de gran tamaño pasen por encima para evitar riesgos innecesarios. También es importante retirar la suciedad acumulada sobre la cubierta para evitar roturas en la lona u obstrucciones del sistema.